Hay ciudades que aparecen como un paisaje y otras que funcionan como una forma de pensar. En la obra de Jorge Drexler, Montevideo pertenece a la segunda categoría: no es únicamente un lugar reconocible, sino una sensibilidad hecha de distancia, memoria, movimiento y mezcla. Su música puede viajar por Madrid, Nueva York o cualquier escenario internacional sin perder el hilo que la conecta con Uruguay.
Drexler nació en Montevideo en 1964. Antes de convertirse en uno de los compositores uruguayos con mayor proyección internacional, estudió medicina y desarrolló una trayectoria musical vinculada a la canción de autor, al pop, al candombe y a la experimentación electrónica. Esa combinación de formación científica, curiosidad sonora y raíz rioplatense ayuda a entender una obra que suele transformar ideas abstractas —el tiempo, la identidad, el azar o la distancia— en imágenes cercanas.
Montevideo como origen y brújula
La relación de Drexler con Montevideo no depende solamente de las menciones explícitas a la ciudad. También está presente en el tono de observación de sus canciones, en la atención a los pequeños desplazamientos cotidianos y en una manera de narrar el mundo desde el borde del mapa cultural hispano. Uruguay aparece como origen, pero no como una etiqueta inmóvil.
En canciones como Montevideo, incluida en el álbum Salvavidas de hielo de 2017, la ciudad se convierte en un centro emocional. El título es directo, pero la canción no funciona como una postal turística. Su interés está en la relación entre pertenencia y distancia: la ciudad puede acompañar a quien se marcha, cambiar con los recuerdos y reaparecer incluso cuando la vida transcurre lejos de ella.
Ese vínculo también se entiende desde la historia musical uruguaya. Drexler creció en un país con una tradición particularmente rica de canción popular, murga, candombe y música de raíz folclórica. Su propuesta no reproduce esas formas de manera literal en cada disco, pero dialoga con ellas desde la métrica, la cadencia y la importancia concedida a la palabra.
Una escritura entre la ciencia y la emoción
Uno de los rasgos más reconocibles de Drexler es su capacidad para unir conceptos científicos con experiencias sentimentales. En su repertorio, la física, la biología, la geometría o la idea de transformación no aparecen como adornos intelectuales: sirven para hablar del deseo, de la pérdida, de los encuentros y de la fragilidad de los vínculos.
Todo se transforma, una de sus canciones más conocidas, utiliza la noción de cambio constante para construir una reflexión sobre lo que recibimos, dejamos atrás y devolvemos al mundo. La canción alcanzó una amplia circulación internacional y resume una de las claves de su escritura: partir de una idea universal sin borrar la intimidad de quien la formula.
En Salvapantallas, por su parte, la tecnología y la memoria se cruzan con una emoción profundamente humana. El propio título alude a una imagen contemporánea, pero el centro de la canción está en la permanencia de una persona o un recuerdo cuando la presencia física ya no está. Esa convivencia entre lenguaje cotidiano y pensamiento conceptual es una de las razones por las que sus letras admiten tanto una escucha espontánea como una lectura más detenida.
En la obra de Drexler, la precisión de una idea no elimina la emoción: puede ser justamente el camino para hacerla visible.
El viaje hacia una audiencia internacional
La carrera internacional de Drexler tuvo un momento decisivo en 2005, cuando recibió el premio Óscar a la mejor canción original por Al otro lado del río, escrita para la película Diarios de motocicleta. Fue la primera canción en español en obtener ese reconocimiento. La escena de la ceremonia también quedó asociada a una discusión pública sobre la visibilidad de la música en español dentro de los grandes espacios de la industria cultural anglosajona.
Aquel premio no modificó el origen de su obra, pero sí amplió el alcance de una escritura que ya venía construyendo su propio camino. Drexler pasó a ser identificado no solo como un artista uruguayo radicado en España, sino como un compositor capaz de moverse entre mercados, géneros y públicos sin abandonar el idioma español como espacio creativo.
Su colaboración con artistas de distintas generaciones y procedencias reforzó esa apertura. La canción Universos paralelos, grabada junto a la cantante chilena Ana Tijoux, muestra cómo su lenguaje puede incorporar ritmos y recursos del pop contemporáneo sin perder el carácter narrativo de la canción de autor. En otros trabajos, el diálogo con músicos latinoamericanos y españoles ha servido para ampliar su paleta sonora y poner en contacto tradiciones que a menudo se presentan por separado.
Uruguay más allá de la nostalgia
Hablar de la influencia uruguaya en Drexler no significa reducir toda su discografía a la nostalgia por el país de origen. Su relación con Uruguay es más compleja. Incluye la memoria de Montevideo, el acento rioplatense, la tradición de músicos y letristas, y una mirada acostumbrada a observar el mundo desde una escala menos estridente que la de los grandes centros de la industria.
También hay una dimensión de ida y vuelta. Drexler construyó buena parte de su vida profesional en España y desarrolló allí una audiencia amplia, pero su identidad artística siguió siendo legible desde Uruguay. Esa circulación cuestiona la idea de que la pertenencia cultural debe coincidir con el lugar de residencia. En su caso, la distancia no borra el origen: lo vuelve materia de composición.
Por eso Montevideo puede aparecer en su repertorio como nombre propio, como recuerdo o como atmósfera. La ciudad no necesita dominar cada canción para funcionar como referencia. Está en la manera de combinar lo local con lo universal y en la convicción de que una experiencia situada puede alcanzar a oyentes muy distintos.
Una influencia que se mide en la escucha
La influencia de Drexler en la música en español no se limita a la cantidad de premios o colaboraciones. También se percibe en la legitimidad que obtuvo una canción capaz de ser popular sin renunciar a la elaboración literaria. Su repertorio demostró que una composición puede hablar de algoritmos, moléculas, mapas o paradojas y, al mismo tiempo, conservar una relación directa con el público.
Su método ha abierto espacio para una generación de artistas interesados en mezclar géneros, trabajar con productores de distintas escenas y tratar la canción como un laboratorio. No se trata de imitar sus recursos, sino de asumir una libertad parecida: la posibilidad de unir tradición y tecnología, intimidad y pensamiento, raíz local y circulación global.
En Uruguay, esa influencia se lee además dentro de una historia musical que ya había otorgado un lugar central a la poesía y a la experimentación. Drexler pertenece a esa continuidad, pero su obra no es una repetición del pasado. Su aporte consiste en traducir preocupaciones contemporáneas a una forma de canción reconocible, flexible y abierta al diálogo.
El regreso como tema y como forma de escuchar
El regreso en Drexler no siempre significa volver físicamente a Montevideo. Puede ser el regreso a una palabra, a una melodía, a una relación o a una pregunta que todavía no tiene respuesta. Sus canciones avanzan mediante asociaciones: una imagen conduce a otra y el significado se transforma con cada escucha.
Esa estructura explica por qué su música mantiene vigencia con el paso del tiempo. Las canciones no quedan encerradas en la circunstancia que las originó. Cambian junto con quien las escucha. Una letra que parecía hablar de una despedida puede adquirir otro sentido años después; una referencia geográfica puede convertirse en una experiencia personal para alguien que jamás vivió en Uruguay.
Jorge Drexler vuelve a Montevideo de muchas maneras: en el nombre de una canción, en una cadencia, en la memoria de una tradición musical y en la mirada de quien observa el mundo desde el Río de la Plata. Ese mapa íntimo no funciona como una frontera. Es, más bien, una red de conexiones que permite viajar lejos sin perder el punto de partida.
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